30 de Agosto 2026/ La fisonomía del tránsito sobre la Ruta Provincial 90 ha mostrado un cambio notable en los últimos meses. A partir de la colocación de radares de control de velocidad en los accesos a Alcorta y, tiempo después, en la vecina localidad de Máximo Paz, el comportamiento al volante dio un giro drástico: la postal de vehículos transitando a altas velocidades en áreas residenciales o de transición ha comenzado a quedar en el pasado.
Hoy en día, la tendencia mayoritaria entre los automovilistas es levantar el pie del acelerador y ajustarse a la velocidad máxima permitida de 60 km/h al cruzar las zonas suburbanas de ambos pueblos. Si bien no se dispone de estadísticas oficiales precisas sobre la cantidad exacta de infracciones que el sistema registra por jornada, la transformación es visible para los vecinos y habituales usuarios de este corredor vial. El flujo vehicular se ha vuelto más pausado y predecible.
Resistencia y debate: ¿Por qué son importantes los radares?
Como suele ocurrir con este tipo de implementaciones tecnológicas, la medida no está exenta de polémica. Muchos conductores expresan su abierto desacuerdo con los dispositivos, argumentando que los límites son demasiado estrictos o acusando a las administraciones de perseguir un fin puramente recaudatorio.
Sin embargo, más allá del malestar que genera la posibilidad de recibir una multa, los expertos en seguridad vial insisten en la importancia crucial de contar con radares fijos en puntos estratégicos por las siguientes razones:
  • Efecto disuasorio inmediato: La presencia del radar funciona como un límite físico y psicológico. Al saberse controlados, los conductores modifican su conducta de manera preventiva, algo que las campañas de concientización escrita no siempre logran por sí solas.
  • Reducción de la gravedad de los accidentes: La velocidad es el factor que determina la violencia de un impacto. En zonas suburbanas, donde conviven autos, camiones, motociclistas y peatones locales, reducir la máxima a 60 km/h disminuye exponencialmente la probabilidad de que un despiste o choque resulte fatal.
  • Protección de los accesos urbanos: Los ingresos a pueblos como Alcorta y Máximo Paz son sectores críticos donde el tránsito de ruta se cruza con la vida urbana (vecinos cruzando a pie, salida de maquinarias o giros escolares). El radar nivela el ritmo del viaje antes de que el peligro sea inminente.
La convivencia entre la comodidad de viajar rápido y la necesidad de proteger vidas sigue siendo un terreno en disputa en la Ruta 90. No obstante, los datos de la realidad demuestran que, ante la presencia del ojo electrónico, el respeto por las normas ha ganado la partida, transformando el trayecto entre ambas localidades en un espacio notablemente más seguro.